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Mostrando las entradas etiquetadas como Vila-Matas

El triste héroe de nuestro tiempo...

Para la vida de cada día ya estaba Carmina, que, a diferencia de su hermana, era inteligente y buena y, además, me había prometido amor eterno. Pero a los pocos minutos volví a las andadas y me entraron [...] unas ganas inmensas de obedecer la ley de mi deseo y, después de la conferencia, fugarme aquella misma noche con Rosita. Tuve que buscarme nuevos argumentos para frenar la fuerza de aquel deseo desbocado. Me dije que haría bien en pensar con mayor calma las cosas. Me dije que era más prudente no dar aquel paso, pues la vida cotidiana en una casa portuguesa podía arruinar en muy breve tiempo toda la pasión y gran fiebre de amor de la que se alimentaba mi historia con Rosita. Me dije que nada sería más triste que ver cómo de la noche a la mañana se desvanecía mi gran pasión: una pasión que, por muy paradójico que parezca, en realidad se alimentaba de la ausencia del objeto deseado [...]. Ante todo y por encima de todo estaba el amor eterno; me serenó por unos momentos haber tom...

porque todo es ficción...

Para presentar su restaurada Prisión perpetua vino Ricardo Piglia a Barcelona. Cuando le vi en el Bar Belvedere, no sabía que acababa de expresar en una rueda de prensa su convencimiento de que «en realidad todos nos contamos la historia de nuestra propia vida con la ilusión de seguir siendo nosotros mismos: vivimos con la idea de que no podemos conocernos, pero sí narrarnos». Me presenté en el Belvedere sin saber que no puedo llegar nunca a conocerme, pero que —como acababa de decir Piglia en la rueda de prensa— sí puedo narrarme . Tampoco sabía, cuando me presenté en el Belvedere, que de hecho, tal como acababa de decir Piglia a los periodistas, la práctica de narrar es central en nuestras vidas, es un punto de conexión entre todos nosotros. No sabía estas cosas y, a una pregunta de Piglia sobre mi cambio de vida en este último año, comencé sin darme cuenta a narrarme a mí mismo y conté que no tenía nostalgia alguna de la vida que llevaba antes, pues ya la tenía muy vista y era ...

En fin

Y he observado que una y otra secuencia componían una leve trama novelesca: como si de pronto se hubieran puesto de acuerdo algunos sucesos autobiográficos para enhebrarme una historia con toques incluso literarios; como si algunos capítulos de mi vida cotidiana estuvieran confabulándose y pidiendo ser narrados y, además, reclamaran convertirse en fragmentos de novela.  Pero ¡esto es un diario! Lo grito para mí mismo y de paso me digo que nadie puede obligar a otra persona a hacer una novela, y menos a mí, que adoro tanto los libros de cuentos. Además, escribo aquí exclusivamente un diario, esto es un diario, no tengo ni por qué recordármelo. Aquí vivo la escritura como secreto, como actividad íntima. [...] Esto es un diario, es un diario, es un diario. Y también es una reivindicación secreta de la «escritura de literatura». Así que no veo del todo bien que la realidad de la calle conspire para que tenga un rumbo novelesco lo que escribo, aunque debo agradecerle que me esté da...

Trasllats imminents

Teníamos todos que atrevernos a retar a lo desconocido y, sobre todo, volver a los días del amor. Enrique Vila-Matas, «Materia oscura» ( Exploradores del abismo )

Vila-Matas again

Miro hacia atrás en mi vida y solo se me ocurre decir que el tiempo es pérfido, nos hace creer que nunca pasa, y cuando miramos atrás ha pasado demasiado aprisa, aunque no lo suficiente como para no ser ahora consciente de que siendo yo uno, ha estado, a lo largo de todo este tiempo, otro siempre en mí, llamémosle Mastroianni. [...] Todos pensamos muchas tonterías o cosas absurdas a lo largo de un día, pero estas generalmente no salen a la luz. Son pensamientos que enterramos y que generalmente olvidamos para poder pensar más tonterías. En fin.   Enrique Vila-Matas, « Mastroianni-sur-Mer » ( Una vida absolutamente maravillosa )

Dia gris a Barcelona

Recuerda que anoche Celia, con marcado acento budista en sus palabras, le decía que siempre estamos tejiendo y entretejiendo en cada momento de nuestras vidas. Tejemos, le decía Celia, no sólo nuestras decisiones, sino también nuestros actos, nuestros sueños, nuestros estados de vigilia: de una forma perpetua tejemos un tapiz. Y en el centro del mismo, concluyó Celia, a veces llueve. [...] Llueve siempre en la alta fantasía, decía Dante. Y llueve, sobre todo ahora, en su imaginación, y también en Barcelona. En esa ciudad diluvia, sí. [...] La lluvia siempre nos hace recordar, nos trae la memoria de otros tiempos. [...] Escribe mentalmente frases y en una de ellas se pregunta cómo será Londres cuando las personas que ama estén ya, al igual que él, muertas. Serán días — eso puede ya darlo por seguro — en los que todos sus difuntos se habrán convertido en humedad pura y hablarán desde sus soledades remotas y salvajes, hablarán tal como lo hace la lluvia en África, y ya no recordarán...

Viatge suïcida

Te escribo con la esperanza de que te arrojes pronto por la ventana de tu casa. Esa es — creo yo — la única frase que deberías haberme escrito, querida, deberías haberte atrevido a ser sincera y en lugar de preguntarme cómo lo he pasado en el manicomio o de enviarme sudorosas frases hechas junto a tu condolencia tan afectada por la muerte de Mario y todas esas cínicas palabras de apoyo, en lugar de todo eso deberías haberme escrito: Me gustaría que te suicidaras pronto, Mary, me gustaría verte ya muerta, y si eso no es posible me gustaría verte completamente loca y encerrada para siempre en ese manicomio del que has logrado salir no sé cómo. [...] Y quise matarme, en efecto, no te equivocas. Te han informado bien, querida esponja de ron, quise matarme arrojándome desde un primer piso. Es cómico, qué le vamos a hacer. Descendí del sexto al primer piso del inmueble, porque no tenía valor para volar desde más alto. Temía el golpe brutal contra el asfalto, para qué nos vamos a engaña...