Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como ficciones

De poetas soñadores...

Podría ser cartero de Neruda, pescador de estrellas navegando en la luna, piloto de cometas, explorador de abismos, quizás recolector de gotas de rocío. Quisiera ser un hombre, es poco lo que pido. Podría ser quizá delineante de columpios rojos, un gran libromante, un cantor de nanas, quizá buhonero, y vender palomas, pócimas y ungüentos. Pensándolo bien, me conformo con menos. Podría ser jardinero en Marte, médico de flores, poeta ambulante, deshollinador volando en tejados, probador de espejos o pirata honrado. Quisiera ser hombre al fin y al cabo. Ismael Serrano, Podría ser

Mundo loco de insensatos

Es verdad; pues reprimamos esta fiera condición, esta furia, esta ambición por si alguna vez soñamos. Y sí haremos, pues estamos en mundo tan singular, que el vivir solo es soñar;  y la experiencia me enseña que el hombre que vive sueña lo que es hasta despertar. […] Sueña el rico en su riqueza que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende; y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca, La vida es sueño

No hay porqué

Ellen. Mi esposa: una persona a la que tengo la sensación de entender mucho peor que a un escritor extranjero que lleva cien años muerto. ¿Es una aberración, o resulta normal? Los libros dicen: ella hizo esto porque. La vida dice: ella hizo esto. En los libros las cosas quedan explicadas; en la vida, no. No me extraña que la gente prefiera los libros. Los libros le dan sentido a la vida. El único problema radica en que las vidas a las que dan sentido son las de otros, jamás a la del lector. Quizá sea demasiado acomodaticio. Mi situación también es estable de momento, pero desesperada. Quizá solo sea cuestión de temperamento. Hay que acordarse de la fallida visita al burdel de L'Éducation sentimentale , y no olvidarse de su lección. No hay que participar: la felicidad está en la imaginación, no en el acto. El placer se encuentra primero en la ilusión, y luego en el recuerdo. Así es el temperamento flaubertiano. Julian Barnes, El loro de Flaubert

Literaturizando la vida

—Lo que ocurre —dijo, tras unos momentos de silencio y con una voz que en vano quería hacer parecer como firme—, aunque es absurdo e imposible expresarlo con palabras, aunque para mí es difícil, intentaré explicárselo —añadió, frunciendo el entrecejo como por un dolor físico. —¡Y bien! —dije. —Imagínese que había un caballero A, digamos viejo y muy vivido, y una dama B, jovencita, dichosa, ignorante aún de las personas y de la vida. Por distintas cuestiones familiares, él la quería como a una hija y nunca había tenido miedo de quererla de otra manera. Guardó silencio, pero yo no dije nada. —Pero olvidó que B era muy jovencita, que la vida era para ella todavía un juego —continuó de pronto a toda velocidad, decidido y sin mirarme—, y que no era difícil amarla con otro amor, y que eso a ella la divertiría. Y cometió un error y de pronto se dio cuenta de que otro sentimiento, un sentimiento pesado como el arrepentimiento, comenzaba a abrirse paso en su alma, y se asustó. Se asust...

porque todo es ficción...

Para presentar su restaurada Prisión perpetua vino Ricardo Piglia a Barcelona. Cuando le vi en el Bar Belvedere, no sabía que acababa de expresar en una rueda de prensa su convencimiento de que «en realidad todos nos contamos la historia de nuestra propia vida con la ilusión de seguir siendo nosotros mismos: vivimos con la idea de que no podemos conocernos, pero sí narrarnos». Me presenté en el Belvedere sin saber que no puedo llegar nunca a conocerme, pero que —como acababa de decir Piglia en la rueda de prensa— sí puedo narrarme . Tampoco sabía, cuando me presenté en el Belvedere, que de hecho, tal como acababa de decir Piglia a los periodistas, la práctica de narrar es central en nuestras vidas, es un punto de conexión entre todos nosotros. No sabía estas cosas y, a una pregunta de Piglia sobre mi cambio de vida en este último año, comencé sin darme cuenta a narrarme a mí mismo y conté que no tenía nostalgia alguna de la vida que llevaba antes, pues ya la tenía muy vista y era ...

Penélopes

Historiquement, le discours de l'absence est tenu par la Femme: la Femme est sédentaire, l'Homme est chasseur, voyageur; la Femme est fidèle (elle attend), l'homme est coureur (il navigue, il drague). C'est la Femme qui donne forme à l'absence, en élabore la fiction, car elle en a le temps; elle tisse et elle chante; les Fileuses, les Chansons de toile disent à la fois l'immobilité [...] et l'absence [...]. Il s'ensuit que dans tout homme qui parle l'absence de l'autre, du féminin se déclare: cet homme qui attend et qui en souffre, est miraculeusement féminisé. Un homme n'est pas féminisé parce qu'il est inverti, mais parce qu'il est amoureux. (Mythe et utopie: l'origine a appartenu, l'avenir appartiendra aux sujets en qui il y a du féminin .) Roland Barthes, Fragments d'un discours amoureux

Sería ficción

Supongo que te inventaría de nuevo... Sí, no aceptaría lo ocurrido. Continuaría escribiéndote cartas y escribiéndome textos extraños en papelitos blancos. Imaginaría qué podría ocurrirle a nuestra relación, por qué caminos podrían circular nuestras vidas, a quién podríamos haber conocido, cuál sería, en fin, nuestro destino a corto plazo. Tardaría tanto en aceptar la realidad... Viviría durante todo el tiempo que pudiera en una novela en la que tú estuvieras viva. Sí, te inventaría a ti y a nuestro futuro posible. Sería ficción, pero el amor siempre lo es. Tan irreal como esta noche enterrada en nieve, ¿no, Ene? Jorge Carrión, Ene

Lo que no ocurrió

Esa es la idea con la que está jugando, dice Renzo, escribir un ensayo sobre las cosas que no ocurren, las vidas que no se han vivido, las guerras que no se han librado, los mundos en la sombra que corren paralelos al mundo que tomamos por real, lo que no se ha dicho y no se ha hecho, lo que no se recuerda. Peligroso territorio, quizás, pero valdría la pena explorarlo. Paul Auster, Sunset Park