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Mostrando las entradas etiquetadas como depresión

Nada

Sabía que debía estarle agradecida a la señora Guinea, solo que no podía sentir nada. Si la señora Guinea me hubiera dado un pasaje a Europa, o un viaje alrededor del mundo, no hubiera habido la menor diferencia para mí, porque donde quiera que estuviera sentada —en la cubierta de un barco o en la terraza de un café en París o en Bangkok— estaría sentada bajo la misma campana de cristal, agitándome en mi propio aire viciado. […] Me arrellané en el asiento de felpa gris y cerré los ojos. El aire de la campana de cristal se acolchaba a mi alrededor y yo no podía moverlo. Sylvia Plath, La campana de cristal

Haploides o diploides

—¿Qué te pasa? Leonard se encaró con ella. —¿Que qué me pasa? ¿Qué crees tú que me pasa? Estoy deprimido , Madeleine. Tengo una depresión . —Lo sé. —¿Lo sabes? No estoy muy seguro de que lo sepas. Si lo supieras puede que no dijeras cosas estúpidas como esa. —¡Lo único que he hecho ha sido preguntarte si te lo has pasado bien! ¡Dios! —Déjame decirte lo que sucede cuando una persona está clínicamente deprimida. —Leonard adoptó sus exasperantes modos doctorales—. Lo que sucede es que el cerebro envía una señal que dice que se está muriendo. El cerebro deprimido manda esa señal y el cuerpo la recibe, y al rato el cuerpo piensa que también se está muriendo. Y entonces empieza a apagarse. Por eso duele la depresión, Madeleine. Por eso es físicamente dolorosa . El cerebro piensa que se está muriendo, y entonces el cuerpo piensa que también se está muriendo, y entonces el cerebro lo registra, y así va y vuelve una y otra vez ese mensaje en una especie de bucle sin fin. —Leonard ...

Depresión

Se repetía, iba de un lado a otro desconcentrada y desaparecía de la vista. Y querías atravesar aquella neblina creada por los fármacos, atravesarla con lo que hiciera falta, con palabras (punzantes, crueles o suplicantes), pero ni los ataques ni las súplicas le alcanzaban. Bett decía: « Lo sé, cariño, ahora mamá está mal. Mamá se encuentra así a veces » , o bien: « No lo entiendes. Es como un nudo que tengo en el estómago » , o bien: « Me ocurrió algo cuando era pequeña, no puedes comprenderlo, y sabe Dios que nunca he querido que lo comprendieras. Estas pastillas me quitan la ansiedad » . Sí, la ansiedad, el brillo, la luz. [...] Era duro. Querías salvarla, querías devolverla al aire que antes respiraba y que la hacía sentirse bien y hermosa. Y te enfurecía que hiciera aquello, estabas muy enojada con ella. Pensabas que de manera gratuita y deliberada estaba destruyendo a tu madre, suprimiéndola, suprimiéndose a sí misma, dejando que se desmoronase ante tus ojos. Te abandonaba. ...