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No hay porqué

Ellen. Mi esposa: una persona a la que tengo la sensación de entender mucho peor que a un escritor extranjero que lleva cien años muerto. ¿Es una aberración, o resulta normal? Los libros dicen: ella hizo esto porque. La vida dice: ella hizo esto. En los libros las cosas quedan explicadas; en la vida, no. No me extraña que la gente prefiera los libros. Los libros le dan sentido a la vida. El único problema radica en que las vidas a las que dan sentido son las de otros, jamás a la del lector. Quizá sea demasiado acomodaticio. Mi situación también es estable de momento, pero desesperada. Quizá solo sea cuestión de temperamento. Hay que acordarse de la fallida visita al burdel de L'Éducation sentimentale , y no olvidarse de su lección. No hay que participar: la felicidad está en la imaginación, no en el acto. El placer se encuentra primero en la ilusión, y luego en el recuerdo. Así es el temperamento flaubertiano. Julian Barnes, El loro de Flaubert

En attendant...

MARZO-MAYO DE 1851. [...] Si cada uno se mostrara tal y como es, lo que antes era ridículo y débil en él dejaría de serlo. Sería una bendición enorme librarse, aunque fuera en parte, de ese terrible yugo: el miedo al ridículo. ¿Cuántos, cuántos verdaderos placeres nos perdemos por este estúpido miedo? [...] 3 DE JULIO. [...] Tengo que ir y sentarme a una mesa manchada de tinta, tomar un papel grisáceo y tinta; ensuciarme los dedos y trazar letras sobre el papel. Las letras formarán palabras y las palabras frases; pero ¿acaso se puede transmitir lo que uno siente? ¿Acaso se puede transmitir a otra persona la manera que uno tiene de percibir la naturaleza? La descripción es insuficiente. ¿Qué hace que la poesía esté tan íntimamente ligada a la prosa? ¿La felicidad a la infelicidad? ¿Cómo se debe vivir? [...] El sueño tiene un aspecto mejor que la realidad; la realidad tiene un aspecto mejor que el sueño. La felicidad absoluta sería la combinación de ambos. [...] 2 DE ENERO DE...