Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como diario

En attendant...

MARZO-MAYO DE 1851. [...] Si cada uno se mostrara tal y como es, lo que antes era ridículo y débil en él dejaría de serlo. Sería una bendición enorme librarse, aunque fuera en parte, de ese terrible yugo: el miedo al ridículo. ¿Cuántos, cuántos verdaderos placeres nos perdemos por este estúpido miedo? [...] 3 DE JULIO. [...] Tengo que ir y sentarme a una mesa manchada de tinta, tomar un papel grisáceo y tinta; ensuciarme los dedos y trazar letras sobre el papel. Las letras formarán palabras y las palabras frases; pero ¿acaso se puede transmitir lo que uno siente? ¿Acaso se puede transmitir a otra persona la manera que uno tiene de percibir la naturaleza? La descripción es insuficiente. ¿Qué hace que la poesía esté tan íntimamente ligada a la prosa? ¿La felicidad a la infelicidad? ¿Cómo se debe vivir? [...] El sueño tiene un aspecto mejor que la realidad; la realidad tiene un aspecto mejor que el sueño. La felicidad absoluta sería la combinación de ambos. [...] 2 DE ENERO DE...

pese a todos esos algos...

[ Original ] 432 18 de enero de 1955 No sé nada de Arte con mayúscula. Lo que sí conozco es mi arte. Porque me concierne a mí. Yo no hablo por los demás. De manera que no hablo por las cosas que supuestamente hablan por los demás. Mi arte, sin embargo, habla por mí. Me ilumina el camino. [ Original ] 17 de abril de 1955 Entonces, ¿la historia nos habita a nosotros ? [ Original ] 4 de septiembre de 1955 Amaneceres livianos y cabezas de mármol. ¿Qué coño significa esto? [...] [ B ] 14 de marzo de 1969 ¿Quién no ha matado nunca una hora? No de forma gratuita o sin proponérselo, sino premeditadamente: el asesinato premeditado de los minutos. Se trata de una violencia que viene de una combinación de rendirte, de que no te importe nada y de resignarte al hecho de que solo puedes aspirar a dejarla atrás. De manera que matas la hora. No trabajas, no lees, no te entregas a ensoñaciones. Si duermes no es porque lo necesites. Y cuando por fin se acaba, no quedan prue...

En fin

Y he observado que una y otra secuencia componían una leve trama novelesca: como si de pronto se hubieran puesto de acuerdo algunos sucesos autobiográficos para enhebrarme una historia con toques incluso literarios; como si algunos capítulos de mi vida cotidiana estuvieran confabulándose y pidiendo ser narrados y, además, reclamaran convertirse en fragmentos de novela.  Pero ¡esto es un diario! Lo grito para mí mismo y de paso me digo que nadie puede obligar a otra persona a hacer una novela, y menos a mí, que adoro tanto los libros de cuentos. Además, escribo aquí exclusivamente un diario, esto es un diario, no tengo ni por qué recordármelo. Aquí vivo la escritura como secreto, como actividad íntima. [...] Esto es un diario, es un diario, es un diario. Y también es una reivindicación secreta de la «escritura de literatura». Así que no veo del todo bien que la realidad de la calle conspire para que tenga un rumbo novelesco lo que escribo, aunque debo agradecerle que me esté da...

¿Por qué escribir?

Se trata de correlaciones y de lazos. [...] Se trata de desplazamientos y de movimientos del sentido. Poner en relación los acontecimientos (representados y externos) de la narración, acarrear lo que está en el otro lado, establecer el enlace entre los fragmentos invisibles. [...] Por eso Kafka escribe un diario, para volver a leer las conexiones que no ha visto al vivir. [...] Solo entiende lo que ha vivido, o lo que está por vivir, cuando está escrito. No se narra para recordar, sino para hacer ver. Para hacer visibles las conexiones , los gestos, los lugares, la disposición de los cuerpos. Ricardo Piglia, El último lector