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Mostrando las entradas etiquetadas como modos de leer

Puntos de vista

Transcripción parcial de Lo que les ha parecido a algunos de Karen Green [...] Byron Baleworth. Dramaturgo británico. Escenario: El Café La Fortuna de la calle Setenta y uno. Baleworth: «Y san Sebastián murió de acidez», para citar a otro famoso dramaturgo británico. Aquí el infinito no es una cuestión de ciencia. Lo que has creado es un dilema semiótico. Hay virus duros de pelar que resisten el sistema inmunitario del cuerpo, ¿no? Pues pasa lo mismo con tu símbolo, la casa : que se resiste a la interpretación. Karen: ¿Eso quiere decir que no tiene significado? Baleworth: Esta sería una larga conversación. Las próximas noches voy a alojarme en el Plaza Athénée. ¿Por qué no cenamos un día? [Pausa] Ese trasto está apagado, ¿no? Karen: Bueno, deme una idea aproximada de cómo abordaría usted la cuestión. Baleworth: [De repente incómodo] Probablemente me centraría en los aspectos fílmicos. Obtendrías algún significado si asociaras la casa con la política, la ciencia o l...

y leer, y leer, y leer...

La vida se metió por medio  ―dos años en el ejército, trabajo, matrimonio, responsabilidades familiares, necesidad de ganar cada vez más dinero, toda esa cagada que nos deja empantanados cuando no tenemos los cojones de luchar por lo que queremos ―, pero nunca perdí el interés por los libros. Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor.  Paul Auster, Brooklyn Follies

El placer de reeler

Il me semble que je connaissais ce livre par cœur et que j'en avais assimilé tellement de détails que le relire consistait seulement à vérifier qu'ils étaient bien à leur place [...]; pans entiers de l'histoire ou simples tournures de phrase dont il me semble, non seulement que je les ai toujours connus, mais plus encore, à la limite, qu'ils m'ont presque servi d'histoire: source d'une mémoire inépuisable, d'un ressassement, d'une certitude: les mots étaient à leur place, les livres racontaient des histoires; on pouvait suivre; on pouvait relire, et, en relisant, retrouver, magnifiée par la certitude qu'on avait de les retrouver, l'impression qu'on avait d'abord éprouvée: ce plaisir ne s'est jamais tari: je lis peu, mais je relis sans cesse [...]; je relis les livres que j'aime et j'aime les livres que je relis, et chaque fois avec la même jouissance, que je relis vingt pages, trois chapitres ou le livre entier: celle d...

El camino estrecho que conduce a los «Happy Few»

La lectura llevada a cabo deliberadamente ─lo que podríamos llamar la lectura volitiva─ no es lectura, al igual que la erudición no es cultura. La lectura verdadera es una acción refleja; el lector nato lee de forma tan inconsciente como respira [...]. ¿Qué es la lectura, en última instancia, sino un intercambio de ideas entre el escritor y el lector? Si el libro penetra en la mente del lector tal como ha salido de la del escritor ─sin ninguna de las adiciones y modificaciones que inevitablemente produce el contacto con un nuevo cuerpo de pensamiento─, se ha leído en vano. [...] Por consiguiente, ser un lector mediocre puede considerarse una desgracia, pero no, ciertamente, una falta. ¿Por qué deberíamos ser todos lectores? No se espera de todos nosotros que seamos músicos; pero debemos leer; y así, los que no pueden leer creativamente leen mecánicamente, ¡como un hombre sin aptitudes para tocar el violín que considerara un logro equivalente el chirrido del organillo! Hay que entend...

Lecturas solitarias en el subsuelo

Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y esta es mi love story . Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, [...] y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no solo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos. [...] De esta manera, a pesar de mí mismo, me he vuelto sabio y ahora me doy cuenta de que mi cerebro es un fajo de pensamientos prensados en la prensa mecánica. Bohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa