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La vida es una fiesta

Pero ¿qué es este destello de felicidad que me hace temblar y me restaura la fuerza, la vida? Os pido excusas, dulcísimas criaturas, no había entendido, no sabía, cómo es justo aceptaros, amaros, y cómo es de sencillo. Luisa, me siento como liberado, todo me parece bueno, todo tiene un sentido, todo es cierto. Ah, cómo me gustaría saber explicarme, pero no sé como decirlo. De esta manera, todo vuelve a ser como antes, todo es de nuevo confuso, pero esta confusión soy yo, yo como soy y no como me gustaría ser, y ya no me da miedo. Decir la verdad, aquello que no sé, que busco, que aún no he encontrado. Solo así me siento vivo y puedo mirar tus ojos fieles sin vergüenza. La vida es una fiesta, vivámosla juntos. No sé decir otra cosa, Luisa, ni a ti ni a los otros. Acéptame así como soy si puedes, es el único modo para intentar encontrarnos. Federico Fellini, Fellini, ocho y medio

Una triste broma pesada…

Una semana después (22 de agosto), aún en el apartamento de tu madre, en Newark, con Bob P. ya ausente sin duda, una confusa carta de seis páginas que, extraña y pretenciosamente, arranca con una serie de frases entrecortadas: «Aquí. Estoy aquí. Sentado. Quiero empezar, pero poco a poco, porque siento el impulso de decirme que debo seguir durante un tiempo, quizá demasiado… Oirás, ahora, antes de que te diga aquello que quiero decirte aquí sentado, cosas, tonterías, lo que llaman noticias, o cháchara, pero que yo denomino, quizá tú también…, "ejercicio de calentamiento", que es, te lo aseguro, una simple manera de hablar, porque desde luego ya tengo bastante calor (es verano, ya sabes)». Tras algunas observaciones morbosas sobre el horror y la inevitabilidad de la muerte, cambias de pronto de tema y declaras tu intención de hablar únicamente de cosas alegres. […] Luego, tras otro giro inopinado «(He parado a encender un cigarrillo: de ahí el hiato en la sempiterna línea rect...