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Para nadie... (o para ti)

Un deseo de Pelícano Las cavilaciones son mías,       el mundo            te lo dejo                 a ti. Para nadie, Olimpia, Grecia. 31 de agosto de 1988 Mark Z. Danielewski, La casa de hojas

Esos fantoches...

Todo sería como una inquietud, un desasosiego, un desarraigo continuo, un territorio donde la causalidad psicológica cedería desconcertada, y esos fantoches se destrozarían o se amarían o se reconocerían sin sospechar demasiado que la vida trata de cambiar la clave en y a través de y por ellos, que una tentativa apenas concebible nace en el hombre como en otro tiempo fueron naciendo la clave-razón, la clave-sentimiento, la clave-pragmatismo. Que a cada sucesiva derrota hay un acercamiento a la mutación final, y que el hombre no es sino que busca ser, proyecta ser, manoteando entre palabras y conducta y alegría salpicada de sangre y otras retóricas como esta. Julio Cortázar, Rayuela (62)

¿Cómo comunicarnos?

Ahora dos coches que van en direcciones opuestas se han encontrado por un segundo uno junto al otro [...]: quizás éramos nosotros, es decir, es seguro que yo era yo, si eso significa algo, y la otra podría ser ella, es decir, la que yo quiero que sea ella, el signo de ella en el que quiero reconocerla, aunque sea justamente el signo mismo que me la vuelve irreconocible. Correr por la autovía es el único modo que nos queda, a ella y a mí, de expresar lo que tenemos que decirnos, pero no podemos comunicarlo ni recibirlo mientras sigamos corriendo. [...] Lo que cuenta es comunicar lo indispensable dejando caer todo lo superfluo, reducirnos nosotros mismos a comunicación esencial, a señal luminosa que se mueve en una dirección dada, aboliendo la complejidad de nuestras personas, situaciones, expresiones faciales, dejándolas en la caja de sombra que los faros llevan detrás y esconden. La Y que yo amo en realidad es ese haz de rayos luminosos en movimiento. [...] Esta es la contradicció...

Puntos de vista

Transcripción parcial de Lo que les ha parecido a algunos de Karen Green [...] Byron Baleworth. Dramaturgo británico. Escenario: El Café La Fortuna de la calle Setenta y uno. Baleworth: «Y san Sebastián murió de acidez», para citar a otro famoso dramaturgo británico. Aquí el infinito no es una cuestión de ciencia. Lo que has creado es un dilema semiótico. Hay virus duros de pelar que resisten el sistema inmunitario del cuerpo, ¿no? Pues pasa lo mismo con tu símbolo, la casa : que se resiste a la interpretación. Karen: ¿Eso quiere decir que no tiene significado? Baleworth: Esta sería una larga conversación. Las próximas noches voy a alojarme en el Plaza Athénée. ¿Por qué no cenamos un día? [Pausa] Ese trasto está apagado, ¿no? Karen: Bueno, deme una idea aproximada de cómo abordaría usted la cuestión. Baleworth: [De repente incómodo] Probablemente me centraría en los aspectos fílmicos. Obtendrías algún significado si asociaras la casa con la política, la ciencia o l...

«Esto es así»

Este último verso, al fondo de lo ignoto, para encontrar lo nuevo , es la pobre bandera del arte que se opone al horror que se suma al horror, sin cambios sustanciales, de la misma forma que si al infinito se le añade más infinito, el infinito sigue siendo el mismo infinito. Una batalla perdida de antemano, como casi todas las batallas de los poetas. [...] Algo que, sin duda, sabía Rimbaud, que se sumergió con idéntico fervor en los libros, en el sexo y en los viajes, solo para descubrir y comprender, con una lucidez diamantina, que escribir no tiene la más mínima importancia (escribir, obviamente, es lo mismo que leer, y en ciertos momentos se parece bastante a viajar, e incluso, en ocasiones privilegiadas, también se parece al acto de follar, y todo ello, nos dice Rimbaud, es un espejismo, solo existe el desierto y de vez en cuando las luces lejanas de los oasis que nos envilecen). Y entonces llega Mallarmé, el menos inocente de todos los grandes poetas, y nos dice que hay que viaja...

Literaturizando la vida

—Lo que ocurre —dijo, tras unos momentos de silencio y con una voz que en vano quería hacer parecer como firme—, aunque es absurdo e imposible expresarlo con palabras, aunque para mí es difícil, intentaré explicárselo —añadió, frunciendo el entrecejo como por un dolor físico. —¡Y bien! —dije. —Imagínese que había un caballero A, digamos viejo y muy vivido, y una dama B, jovencita, dichosa, ignorante aún de las personas y de la vida. Por distintas cuestiones familiares, él la quería como a una hija y nunca había tenido miedo de quererla de otra manera. Guardó silencio, pero yo no dije nada. —Pero olvidó que B era muy jovencita, que la vida era para ella todavía un juego —continuó de pronto a toda velocidad, decidido y sin mirarme—, y que no era difícil amarla con otro amor, y que eso a ella la divertiría. Y cometió un error y de pronto se dio cuenta de que otro sentimiento, un sentimiento pesado como el arrepentimiento, comenzaba a abrirse paso en su alma, y se asustó. Se asust...

porque todo es ficción...

Para presentar su restaurada Prisión perpetua vino Ricardo Piglia a Barcelona. Cuando le vi en el Bar Belvedere, no sabía que acababa de expresar en una rueda de prensa su convencimiento de que «en realidad todos nos contamos la historia de nuestra propia vida con la ilusión de seguir siendo nosotros mismos: vivimos con la idea de que no podemos conocernos, pero sí narrarnos». Me presenté en el Belvedere sin saber que no puedo llegar nunca a conocerme, pero que —como acababa de decir Piglia en la rueda de prensa— sí puedo narrarme . Tampoco sabía, cuando me presenté en el Belvedere, que de hecho, tal como acababa de decir Piglia a los periodistas, la práctica de narrar es central en nuestras vidas, es un punto de conexión entre todos nosotros. No sabía estas cosas y, a una pregunta de Piglia sobre mi cambio de vida en este último año, comencé sin darme cuenta a narrarme a mí mismo y conté que no tenía nostalgia alguna de la vida que llevaba antes, pues ya la tenía muy vista y era ...

y leer, y leer, y leer...

La vida se metió por medio  ―dos años en el ejército, trabajo, matrimonio, responsabilidades familiares, necesidad de ganar cada vez más dinero, toda esa cagada que nos deja empantanados cuando no tenemos los cojones de luchar por lo que queremos ―, pero nunca perdí el interés por los libros. Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor.  Paul Auster, Brooklyn Follies

Respuestas huérfanas

El mundo está lleno de respuestas no preguntadas, que andan sueltas como perros de nadie. Con las respuestas huérfanas se puede jugar, reír, estar acompañado, disfrutar. José Ángel Valente

El placer de reeler

Il me semble que je connaissais ce livre par cœur et que j'en avais assimilé tellement de détails que le relire consistait seulement à vérifier qu'ils étaient bien à leur place [...]; pans entiers de l'histoire ou simples tournures de phrase dont il me semble, non seulement que je les ai toujours connus, mais plus encore, à la limite, qu'ils m'ont presque servi d'histoire: source d'une mémoire inépuisable, d'un ressassement, d'une certitude: les mots étaient à leur place, les livres racontaient des histoires; on pouvait suivre; on pouvait relire, et, en relisant, retrouver, magnifiée par la certitude qu'on avait de les retrouver, l'impression qu'on avait d'abord éprouvée: ce plaisir ne s'est jamais tari: je lis peu, mais je relis sans cesse [...]; je relis les livres que j'aime et j'aime les livres que je relis, et chaque fois avec la même jouissance, que je relis vingt pages, trois chapitres ou le livre entier: celle d...

Reconstruyendo

No han sido pocos lo que han intentado[  ] 276 explicar la locura de Holloway. [...] La cinta de Hol[      ]y «Estoy perdido. Sin comida. Con poca agua. Desorientado. Oh, Dios... [              ]» Así emp[ ]eza La cinta de Holloway: con Holloway mirando desquiciadamente a la cámara, con una pared de fondo, los momentos finales de la vida de un hombre. Se trata de retazos discordantes, coherentes únicamente en la medida en que trazan un declive. [...] ¿Cómo olvidar los ojos llorosos de Holloway cuando vuelve la cámara hacia sí mismo? Ya no hay consuelo. No hay esperanza de rescate ni de regreso. «Me lo merezco. Todo esto es culpa mía. Pero lo siento mucho. Lo siento muchísimo», dice en la Parte 2. «¿Y qué más da? Les he disparado. Les he disparado a los dos. [Pausa larga] Solamente me queda media cantimplora de agua. [Otra pausa] No tendría que haber dejado que se escaparan y así [           ...

Tan feliç i tan trist

―Si tingués una càmera ―vaig dir―, et faria una fotografia cada dia. D'aquesta manera podria recordar com eres cada dia de la teva vida. ―Sóc exactament igual. ―No, no és veritat. Canvies contínuament. Cada dia una miqueta. Si pogués, enregistraria tots els canvis. ―Si et penses que ets tan espavilat, digues, com he canviat, avui? [...] ―Ets una mica més feliç i també estàs una mica més trista. ―I això vol dir que una cosa anul·la l'altra i per tant quedo exactament igual. ―De cap manera. El fet que avui ets una mica més feliç no canvia pas el fet que també estàs una mica més trista. Cada dia una mica més de totes dues coses, i això vol dir que ara mateix, en aquest precís moment, no has estat mai en tota la teva vida tan feliç com ara ni has estat mai tan trista com ara. [...] ―I tu què? Tu ets ara mateix més feliç que mai i estàs ara mateix més trist que mai? ―És clar que sí. ―Per què? ―Perquè no hi ha res que em faci més feliç ni res que em posi més t...

El camino estrecho que conduce a los «Happy Few»

La lectura llevada a cabo deliberadamente ─lo que podríamos llamar la lectura volitiva─ no es lectura, al igual que la erudición no es cultura. La lectura verdadera es una acción refleja; el lector nato lee de forma tan inconsciente como respira [...]. ¿Qué es la lectura, en última instancia, sino un intercambio de ideas entre el escritor y el lector? Si el libro penetra en la mente del lector tal como ha salido de la del escritor ─sin ninguna de las adiciones y modificaciones que inevitablemente produce el contacto con un nuevo cuerpo de pensamiento─, se ha leído en vano. [...] Por consiguiente, ser un lector mediocre puede considerarse una desgracia, pero no, ciertamente, una falta. ¿Por qué deberíamos ser todos lectores? No se espera de todos nosotros que seamos músicos; pero debemos leer; y así, los que no pueden leer creativamente leen mecánicamente, ¡como un hombre sin aptitudes para tocar el violín que considerara un logro equivalente el chirrido del organillo! Hay que entend...

À espera de viver ao lado teu por toda a minha vida...

El drama de Florentino Ariza mientras fue calígrafo de la Compañía Fluvial del Caribe era que no podía eludir su lirismo porque no dejaba de pensar en Fermina Daza, y nunca aprendió a escribir sin pensar en ella. Después, cuando lo pasaron a otros cargos, le sobraba tanto amor por dentro que no sabía qué hacer con él, y se lo regalaba a los enamorados implumes escribiendo para ellos cartas de amor gratuitas en el Portal de los Escribanos. [...] Ni siquiera les hacía preguntas a los clientes nuevos, pues le bastaba con verles el blanco del ojo para hacerse cargo de su estado, y escribía folio tras folio de amores desaforados, mediante la fórmula infalible de escribir pensando siempre en Fermina Daza, y nada más que en ella. [...] Florentino Ariza se entusiasmó tanto con la evidencia práctica de sus ensueños que sacó tiempo de donde no lo tenía para escribir un Secretario de los Enamorados más poético y amplio que el que hasta entonces se vendía por veinte centavos en los portales, y...

De reflexiones lingüísticas...

—¿Qué te ha parecido? —dijo. —Bueno, al menos ahora sé lo que quiere decir felliniano. [...] —Mi meta en la vida es llegar a ser un adjetivo —dijo—. Que la gente vaya por ahí diciendo: «Eso era tan bankheadiano», o «Un poco demasiado bankheadiano para mi gusto». —Bankheadiano suena bien —dijo Madeleine. —Es mejor que bankheadesco. —O bankheadino. —La terminación «ino» es horrible la mires por donde la mires. Hay joyciano, shakespeariano, faulkneriano. Pero en «ino». ¿Qué hay por ahí que sea algo terminado en «ino»? —¿Thomas Mannino? —Kafkesco —dijo—. ¡Pynchonesco! Mira, Pynchon es ya un adjetivo. Gaddis. ¿Cómo sería para Gaddis? ¿Gaddisesco? ¿Gaddisio? —No, con Gaddis no se puede hacer —dijo Madeleine. —No —dijo Leonard—. Ha tenido mala suerte, Gaddis. ¿Te gusta Gaddis? —Leí un poco de Los reconocimientos —dijo Madeleine. Doblaron Planet Street y subieron por la pendiente. —Belloviano —dijo Leonard—. Es superbonito cuando se cambia alguna letra. Con naboko...

Tiene que haber algo

La historia de Tom [Transcripción] Día 1 - 10:38 [Fuera de la tienda de Tom;  el frío le condensa la respiración] ¿A quién intento engañar? En un sitio como este tiene que haber fantasmas. Eso es lo que les ha pasado a Holloway y a su equipo, que los han pillado los fantasmas. Y eso nos va a pasar también a mí y a Navy. La diferencia es que él está con Reston. Él no está solo. Yo sí. La cosa está clara. Los fantasmas siempre van primero a por el que se queda solo. Seguro que ya están aquí. Acechando. Día 1 - 12:06 [A fin de mantener el contacto, ha sido  necesario colocar la radio fuera de la tienda] [...] Radio (Karen): ¿Tú cómo lo llevas? Tom: ¿Yo? Pues tengo frío, estoy cagado de miedo y me da la sensación de que se me van a comer en cualquier momento. Pero por lo demás, yo diría que bien. Día 1 - 15:46 [Dentro de la tienda] Muy bien, señor Monstruo. Sé que estás ahí y que tienes planeado devorarme, y yo no puedo hacer nada al respecto, pero ...

Penélopes

Historiquement, le discours de l'absence est tenu par la Femme: la Femme est sédentaire, l'Homme est chasseur, voyageur; la Femme est fidèle (elle attend), l'homme est coureur (il navigue, il drague). C'est la Femme qui donne forme à l'absence, en élabore la fiction, car elle en a le temps; elle tisse et elle chante; les Fileuses, les Chansons de toile disent à la fois l'immobilité [...] et l'absence [...]. Il s'ensuit que dans tout homme qui parle l'absence de l'autre, du féminin se déclare: cet homme qui attend et qui en souffre, est miraculeusement féminisé. Un homme n'est pas féminisé parce qu'il est inverti, mais parce qu'il est amoureux. (Mythe et utopie: l'origine a appartenu, l'avenir appartiendra aux sujets en qui il y a du féminin .) Roland Barthes, Fragments d'un discours amoureux

Los círculos del tiempo

Hay tiempos que suben en espiral, pero hay tiempos que giran en círculo. Eso pude ver en mi viaje hacia tu pasado. Tu tiempo es un círculo. Lo que se vivió antes de vos, lo volverás a vivir y eso es peligroso. Témele al amor y a sus arranques, témele a tus manos. Yo no sé cómo se rompen los círculos del tiempo. Soy muy vieja y los muertos ya nada podemos aprender, pero sé que hay círculos que se rompen. Los he visto desde las esquinas de la espiral donde muero, hay círculos que los vivos logran romper. Ojalá rompás el tuyo. Tenés que buscar los símbolos, Sofía; encontrando tu pasado, encontrarás tu futuro... Gioconda Belli, Sofía de los presagios

Polvo serán, mas polvo enamorado

Tercer aniversario (1997) Tus hijos, Boris y Yuri, salen con Don Quijote por el antiguo Campo de Montiel y emprenden viajes a la Isla del Tesoro de John Silver. IV aniversario (1998) Elenita: Tus hijos Boris y Yuri acabarán dándose el gustazo con John Coltrane, Compay Segundo y Nikolai Rimsky-Korsakov, pese a las zancadillas que me pone un tal Nintendo. V aniversario (1999) Elenita:  Usando a Valdano como puente, Boris y Yuri han de llegar a fatigar las literaturas de Borges y de Bioy Casares. Aunque partamos de los goles de Maradona y de Di Stéfano. Será por afición... VII aniversario (2001) Elenita: Boris y Yuri todavía no saben decir con Neruda ni con soltura... «Inclinado en las tardes echo mis tristes redes a ese mar que sacude tus ojos oceánicos». Su «hoguera de estupor» es, por el momento, adolescente e íntima y no conocen, pues, la «costa del espanto» de los amores contrariados. Todo se andará. XI aniversario (2005) Elenita: Boris y Yuri h...

Sería ficción

Supongo que te inventaría de nuevo... Sí, no aceptaría lo ocurrido. Continuaría escribiéndote cartas y escribiéndome textos extraños en papelitos blancos. Imaginaría qué podría ocurrirle a nuestra relación, por qué caminos podrían circular nuestras vidas, a quién podríamos haber conocido, cuál sería, en fin, nuestro destino a corto plazo. Tardaría tanto en aceptar la realidad... Viviría durante todo el tiempo que pudiera en una novela en la que tú estuvieras viva. Sí, te inventaría a ti y a nuestro futuro posible. Sería ficción, pero el amor siempre lo es. Tan irreal como esta noche enterrada en nieve, ¿no, Ene? Jorge Carrión, Ene